Falta hace

13 Ene

Hogueras, procesiones, baile, carreras de caballos, rollos benditos, carne a la brasa, toros y sobre todo mucha, mucha agua bendita. Hasta el sorteo de un cerdo o como mínimo raciones de otro de la misma especie. Es San Antón y alrededor del 17 de enero casi todos los pueblos del Alto Palancia – y del resto de España, y del resto de Europa, y del … – recuerdan los méritos de ese eremita que nació un día lejano del año 251 en Egipto.

Es el día cuando los curas ven caras que no les suenan para nada, el día de insólitas colas delante de las iglesias y también el día que muchos se acuerdan que tienen animales. Si para recibir la bendición de San Antón, el protector de los animales, antes se arrastraba a cerdos, vacas, burros y demás delante del cura, en la mayoría de los pueblos el panorama ha cambiado drásticamente: Hoy en día desde el hamster hasta el husky, desde el geko hasta el gato se estremecen bajo la bien lanzada ración de agua bendita. Viendo que cada año tan sólo en este país se abandonan más de 100.000 animales domésticos, falta les hace que alguien les eche una mano. Y quién mejor que este santo tan polifacético, patrón de los campesinos y los porqueros, de los animales útiles, pero también de los carniceros…

Caricatura de Wilhelm Busch

Y quién sabe si no nos acordaremos algún día de que San Antón, mucho antes de llegar a la fama como amigo de los animales, fue reclamado y exhortado para curar una temida enfermedad durante el medievo  llamada “Fuego de San Antón”, que en realidad era una intoxicación causada por el así llamado cornezuelo del centeno. Y con lo que nos echan en los campos… puede que falta nos haga alguna mano divina…

Pero esto, desde luego, son pensamientos que se olvidan cuando las hogueras en vísperas del 17 de Enero y durante el fin de semana siguiente “enciendan” Jérica, Caudiel, Navajas, Segorbe, Viver…, cuando los fuegos de San Antón ardan para espantar espíritus malignos, miedos y maldiciones.

Os esperan fiestas con ese sabor auténtico y especial, con el frío necesario para querer arrimarse al fuego, con ese aire de creencias populares y  momentos ancestrales.

A %d blogueros les gusta esto: