Sin miedo

15 Ene

Imprescindible: Afición al Allium cepa L., un peto, cantidades indecentes de servilletas y una absoluta falta de sentido del ridículo. Con estos cuatro ingredientes una Calçotada promete ser un festín de lo más especial. ¿Que para degustar esta cebolleta blanca, tierna y dulce con D.O. propia “Calçot de Valls” hay que ir hasta Tarragona, la meca de esta comida popular? En absoluto.

Jérica, nuestro pequeño pueblo en el Alto Palancia, se ha apuntado al evento y gracias a la Asociación Gastronómica Cantharellus de nuevo organiza una “Calçotada popular” que se celebra el 22 de enero – incluso antes de que se abra de forma oficial la temporada el último domingo de enero en Valls.

Mientras se asan los calçots sobre fuego vivo, los comensales tienen tiempo para prepararse mentalmente a lo que les viene encima: Nada de etiqueta ni de cubiertos ni de manuales de comportamiento. El lema es “manos al calçot”, y cómetelo como puedas.

Una vez están totalmente chamuscados, vamos negros en el sentido de negro, negro, los calçots tradicionalmente se envuelven en papel de periódico, se sirven en una teja caliente y se comen con las manos. Después de haber quitado la capa chamuscada, se unta la cebolla en  una salsa romesco, se estira el cuello al estilo “pelícano” echando la cabeza para atrás, se abre la boca y se intenta meter el calçot de la forma más elegante “pa’ dentro”. Un propósito destinado al fracaso. Y que se sepa: Pedir cualquier artilugio que pueda servir de ayuda en Cataluña se juzga duramente como “una mica pijolero”.

Cuando ya no se distingue el color de las manos de los calçots chamuscados, viene el segundo plato, que también en Jérica consiste en panceta, longanizas, morcilla y chorizos. Desde luego, toda una prueba para cualquier estómago, y desde luego una de las comidas más divertidas. Todo esto se riega con vino, cerveza, café y licores y como postre – ¿qué iba ser? – crema catalana.

¿A qué suena a una experiencia que no habría que perderse? Y para quedar bien no hace falta ser catalán, ni siquiera español. Uno de los récords en la competición del come-calçots más rápido de Valls lo tiene el hijo de padres español-austríacos. En 2002 se zampó ni más ni menos que 3,1 kilogramos – con otras palabras 326 calçots. Sólo uno pudo más y sostiene el récord absoluto: Ramón Forès Sans abasteció su estómago en 1997 en tan sólo 45 minutos con 3,2 kilogramos de calcóts.

Para apuntarse a la calçotada jericana hay tiempo hasta el 19 de enero. Las reservas hay que hacerlas en el número de teléfono 964 129 696 (Café Cochera). La Calçotada vale 20 euros por persona – juegos tradicionales inclusive.

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