Aire de altura

15 Mar

No hace falta llegar a la altura de una Edurne Pasabán para experimentar esa bonita sensación de haber llegado muy, muy arriba. Sí hace falta vivir en o visitar a una zona tan bonita como el parque natural de la Sierra Espadán con sus numerosos picos “1.000”, estar bien acompañados y pillar uno de esos días primaverales que te obsequian con vistas inolvidables. Pues, todo esto lo conseguimos el otro día y aún estamos disfrutando de esa caminata por los barrancos de la Mosquera y Almanzor en Almedíjar y por el pico del Cerro Gordo.

Una caminata que aparte de impresionantes vistas que llegan hasta las sierras nevadas, hasta el mar, la monumental Peñagolosa o por encima de los pequeños pueblos de los alrededores, ofrece sobre todo una cosa: el contacto con alcornoques centenarios que con su especial sublimidad impresionan a cualquiera.

En la Sierra de Espadán el Quercus suber es pelado cada 12 o 14 años, cuando su corteza ha llegado a un grosor de unos 30 mm y se puede usar para fabricar corchos – cada vez menos – o aislantes naturales – cada vez más.

Cuando al árbol le quitan su rugoso traje, luce una piel preciosa que brilla según el momento del día con tonos rojizos, violetas y marrones. Un espectáculo especial son los matices después de una lluvia o los preciosos parásitos que se alojan en su tronco.


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