Y adiós

15 Abr

Ya sólo su nombre “Thaumetopoea pityocampa” no promete nada bueno y así que cuando en estas épocas se esfuma (al menos de la vista) nadie lo lamenta. Nosotros tampoco. Por fin desaparecen los nidos de la temida procesionaria del pino. No es que se hayan ido, simplemente las orugas se han convertido en crisálidas para luego hacerse mariposa y de nuevo a empezar…

Pero bien, de momento al menos se ha acabado la “caza” de los nidos creados por estos tremendos bichos que compensan la falta de inteligencia con bastante maldad, por no decir venenosidad. Y es que cuando por las tardes estos devoradores de pino bajan de los árboles para darse una vuelta, van en fila india estricta y firme detrás de la hembra más lista. Bueno lista. El naturalista Jean Faber consiguió atraer una procesión al borde de una maceta. Y ahí se quedaron. Cerraron el círculo, culo a culo, y siete días dando vueltas hasta que se murieron de hambre y agotamiento…

Malas sí que son. Basta con el mínimo contacto con su uno de sus 600.000 (!) pelos para sentir las consecuencias del veneno llamado Thaumatopoein. Si sólo notas picor estás de suerte, porque puede provocar horribles reacciones alérgicas… Horror de todo “cuatro patas” que suele meter su hocico en el suelo…

En resumidas cuentas: Aunque los pelos pueden sobrevivir durante años en el suelo, al menos a partir de ahora ya no los vemos.

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