La primavera de Cavanilles

12 Jun

“Tal espectáculo ofrecía allí la naturaleza en un año seco y en el mes de septiembre. ¿Quánto más hermoso debe ser  aquel recinto en la primavera después de las lluvias?”, se preguntaba Antonio José Cavanilles y Palop (1745-1804) en uno se sus viajes por la zona del río Palancia y la vega de Bejís. Pues, si el famoso botánico valenciano hubiera hecho este viaje estos días después de una de las primaveras más lluviosas desde hace años, seguro que se hubiera quedado maravillado ante la explosión de la naturaleza que se ofrece estos días por nuestra región.

Una experiencia que nosotros vivimos en una de las excursiones clásicas del Alto Palancia: la subida a la Peñaescabia, monte mágico en las estribaciones de la sierra de El Toro, pico imponente que con sus 1.317 metros de altura ya es visible desde lejos y parece ser el guardián de toda la cabecera del Palancia.

La ruta nos conducía primero por una pista forestal, más tarde por un sendero zigzageando hasta la cima. Una caminata de lo más agradable y – aunque con un desnivel de unos 500 metros – muy fácil de andar. Eso sí, estos días no habrá quien no se pare cada dos por tres. No sólo por disfrutar de las espléndidas vistas, sino también por el sinfín de flores, plantas curiosas y setas que se asoman entre ese bosque precioso de pino negro, tejos, sabinares, carrascas y arces.  Una diversidad difícil de encontrar en otros lugares, un paraíso que seduce a cualquiera. Oler los distintos aromas a miel, observar el vuelo de las águilas, fijarse en cómo nacen las hojas de los pinos o disfrutar con estos fascinantes dibujos-cara que se divisan en las cortezas de los árboles…

Y, como no podía ser de otra manera, a la vuelta nos acercamos al río Palancia, un paraje que incluso en años de sequía a Cavanilles le había impresionado: “… los vegetales viven alegres en aquellas quebradas y graderías naturales, donde crecen con lozanía los almeces, arces, fresnos, espinos, cornejos, cervales … Enrédanse entre ellos, y no pocas veces los tapizan las parras, madreselvas, clemátides y zarzas…”
¿A qué esperáis?


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