Efecto compost

20 Jul

Viéndolo fríamente es “humus obtenido por descomposición bioquímica en caliente de residuos orgánicos”. Pero a casi nadie un compost le deja indiferente. A nuestra gata Lilo, por ejemplo, le encanta, ya que no hay forma más fácil para dar con ratoncitos. Al contrario, a otros les aterroriza ver como millones de microorganismos, cochinillas, gusanos y demás se lanzan sin piedad a todo lo que les echamos y lo hacen polvo – bueno, mejor dicho tierra.

Y ¡qué tierra! A nosotros nos  fascina como estos bichos convierten kilos y kilos de restos biodegradables en un abono de lo más exquisito. Y todo esto gratis. Ya les podemos echar, no se cansan: restos de jardín, (malas) hierbas, verdura, hojas, leña triturada, poso de café, cáscaras de huevo… Al cabo de unos nueve meses todo se ha convertido en, ya sabéis “humus obtenido artificialmente …”. Un abono que acaba en nuestra huerta, en macetas, alrededor de árboles…

Y no hace falta ni huerta, ni jardín para poder instalar una de esas cajas mágicas. Sobra con un pequeño balcón o una terracita.

Pero ojo: El “efecto compost” es casi inevitable. Como nunca todas las semillas se conviertan en abono, te encuentras con plantas donde menos te las esperas. Un melón en medio de un montón de paja, unas calabazas entre piedras poco acogedoras, un tomate en una maceta olvidada… Así que también es “humus que produce sorpresas”.

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