Dando vueltas

27 Feb

Foto: Generalitat Valenciana

¿Puede haber pueblo más idóneo para dar una vuelta? Y quien dice una, rápidamente habrá dado varias porque perderse por las calles y callejuelas de Jérica siempre resulta ser un sugerente paseo, descubriendo nuevos rincones, disfrutando de bonitas vistas, ganando altura casi sin darse cuenta.

Enclavado en un entorno caracterizado por montañas, rocas y el río Palancia, Jérica a lo largo de los siglos se ha apoderado de una pequeña colina que se eleva sobre el cauce del río. Para descubrir sus tres cinturones de muralla, sus torreones, los restos del castillo, sus portales, iglesias y ermitas y, cómo no, su famosa torre mudéjar de las campanas hay que dejarse llevar por las calles escalonadas que poco a poco y en semicírculos conducen a la parte alta del pueblo.

Ahí arriba, a unos 520 metros sobre el nivel de mar, el aire parece aún más sano, mientras los tejados de las casas del casco antiguo dibujan un cuadro de lo más pintoresco. Cuando ya no hay más calles y rincones que descubrir no puede faltar una última vuelta: La vuelta de la Hoz que a lo largo de un kilómetro lleva por un meandro del Río Palancia, hoy convertido en una impresionante garganta de unos 50 metros de altura en ambos lados. Un paseo perfecto para enamorarse definitivamente del pueblo idóneo para dar unas preciosas vueltas.

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