A mandar

26 Sep

Año tras año, cuando empieza a apretar el calor, en Jérica se repite una bonita ceremonia – tan anacrónica como sumamente simpática y sociable: La Manda. Su cometido: Aunque cada vez haya menos agricultores, en los meses de verano hay que organizar, repartir y si hace falta racionar el agua del regadío, o sea, antes de abrir el grifo hay que “de-mandarlo”.

Quien para tal fin se imagine una lista donde inscribirse o incluso un registro informatizado donde vía email solicitarlo, equivocado va. El reparto del agua tiene lugar en un sólo cerebro. En concreto, en la cabeza de Jesús Berganza Pérez, “El Chato”.

Viéndolo con esa cara de buenazo y esa sonrisa jocosa cualquiera diría que “El Chato” es capaz de hacer callar y escuchar como unos devotos hasta 200 hombres. Lo es. Y es que el asunto es serio, aún más en tiempos de sequía como la de este año. Se trata de repartir de forma justa el agua para que ningún tomate en un huertico, ninguna judía y ninguna lechuga en las plantaciones de Jérica se mueran de sed.

Para eso se celebra “la manda”, un evento que durante el verano tiene lugar todos los días debajo de las arcadas de la plaza del ayuntamiento. Y todos los días se sigue un estricto protocolo, enmarcado por las charlas entre los participantes (y observadores) que tienen lugar tanto antes como después de la manda. Un evento sumamente social, porque no todos los que se acercan tienen una huerta, ni todos vienen en busca de agua.

Cuando el reloj de la torre del ayuntamiento marca las nueve, Jesús Berganza, presidente de la comunidad de regantes más grande de Jérica, ya ha tomado asiento en el banco de piedra debajo de las arcadas, acompañado noche tras noche por José Gil Ordaz, “El Rana”, en función de representante del Sindicato de Riegos y de acequiero. Y así desde hace 20 años. Los dos están rodeados por los comuneros en espera de agua. Tocan las nueve y empieza la manda.

El Chato y el Rana.

Es una ceremonia que para alguien ajeno al mundo de las acequias madre, las paradas o rollos, las hijuelas e hiladas, a primera vista resulta ser una ristra de nombres pronunciados de forma vertiginosa por parte del Chato, intercalado por gritos de 1, 2, 8, “un canterico” o “media hora” por parte de los comuneros. Cuando después de tan sólo unos minutos Jesús Berganza cierra la sesión con sus ya tradicionales palabras “mañana más, señores”, algunos se van contentos, a otros les toca volver al día siguiente. El porqué está en la cabeza del Chato que mientras ha nombrado las distintas acequias y paradas en un viaje mental por cientos de hectáreas y kilómetros de regadío de todo el municipio, al mismo tiempo ha sumado las horas pedidas por parte de los agricultores y, llegado al tope del agua disponible, da por terminada la manda. Una faena mental en la que nadie es capaz de seguirle ya que muy pocos conocen aún ese fascinante mundo de ríos, fuentes y manantiales, balsas y azudes y ese entramado de acequías heredado del Al Ándalus. Así que – casi – nadie se queja del reparto, lo que dice el presidente “va a misa”.

Este año, debido a la sequía, Berganza ha tenido mucha más audiencia que otros años. Más de uno recordaba viejos tiempos cuando hace dos o tres décadas aún había acequieros oficiales que se ganaban la vida mandando el agua, controlando el regadío y

Croquis de una zona de riego./ Gonzalo Mateo

vigilando las acequias. Eran tiempos cuando aún se contrataban regadores, cuando cada día cientos de jericanos iban a la manda y a veces tenían que esperar semanas hasta poder regar.

Aunque hoy día a la hora de la manda se reúnan decenas de personas debajo de las arcadas, no suelen haber más de 15 ó 20 que piden agua – el resto hace de público y de curioso. Así que a Jesús Berganza el cantar de los “rollos” le resulta algo más llevadero que hace unos lustros. Nombres de paradas sacados en su día por la partida o el lugar concreto, por el mote o la profesión del comunero como Jabonero, Chirimito, Cementerio, Carfollo, Piñueleta, Pepe el Barato, Fandanguera, Ermitaño, Zancarriana, Fraile, Botonera, Don Bernardo, Piquinino, Porro, El Santom, Pelechana, Alpargata, La Virgen, Huerta y Melena… difícilmente se oirán.

Sin embargo, este año con la sequía y hasta el río Palancia sin gota, al Chato no sólo le tocaba repartir más y mejor, sino también calmar el ánimo de algunos agricultores impacientes.

Por la escasez de agua, la manda 2012 ha empezado más pronto, ya en junio, y durará más de lo normal. Cuando este año, Jesús Berganza por fin pronuncie las palabras “al año que viene más, señores” será una magnífica señal: Por fin habrá llovido y habrá agua suficiente para que el regadío se rija de nuevo de forma autorregulada: tres días “los de arriba” y tres “los de abajo”.

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