A la reconquista de Jérica: Jaime, el Pensativo, o la historia de 800 moros valientes

12 Nov
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Vista desde la Cruceta al pueblo. Aquí acamparon las tropas del rey.

Si hubiera sido en estos tiempos, quizás habría optado por alojarse en la cercana Sharíqua. Una habitación acogedora (probablemente doble, pero este picante detalle lo contaremos en otro momento), un baño refrescante, relax en la terraza, una copita de vino, estirando las piernas cansadas y todo ello sin quitarle ojo  al pueblo, tramando el plan perfecto para conquistar Jérica. Pero en aquel entonces por el año 1.234  al rey Jaime I y a sus tropas no les quedó otra que acampar a la intemperie en una pequeña colina frente al pueblo después de haber sido echado bruscamente de su primer campamento en la vega del río Palancia por los entonces moradores mandamáses de Jérica. El monarca, refugiado finalmente en una colina conocida hoy como la Cruceta, se habrá dado cuenta rápidamente de que en su camino hacia Valencia este pueblecito le iba a causar problemas… El historiador Gaspar Juan Escolano (1560-1611) más tarde lo describió así:

“Cuando su glorioso exercito… no tuvo en todo el viaje encuentro estropieço alguno, hasta ponerse delante del castillo de Xerica, en el año mil doscientos treynta y quatro, día de santa Cruz de Mayo. Aunque queriendo alojar en su vega, salieron a estorvarleselo de la villa setecientos o ochocientos Moros que escaramuzaron tan valerosamente, que a botes de lanças y saetazos los echaron della. 

Vistos los cuernos al toro, huvo que buscar el Rey otro sitio mas seguro para su campo, y assentole en frente del castillo, en un montezillo un poco desviado, a quien llamaron la Cruceta, por un padron de calicanto, que pusieron allí con una cruz de hierro encima, por memoria del día de la Cruz, en que havia llegado el exercito…”

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Aunque el objeto del deseo, o sea el Castillo de Jérica, le había sido prometido a Jaime I por el propio Albuceit, rey almohade destronado y exiliado de Valencia, para llegar a ello hubo que superar un gran obstáculo que Escolano describe así: “…para poder entrar los de Xerica en ella, no tenían mas que una angosta entrada, que diez soldados la podían guardar.”

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Vistas desde el pino piñonero a Sharíqua.

Cabe esperar que el monarca conquistador durante la elaboración de sus planes de batalla, aparte de la bonita y apetecible vista del pueblo (donde no sólo le esperaba un castillo, sino otro objeto, mejor dicho sujeto del deseo… del cual hablaremos en dicho otro momento) habrá disfrutado al menos de la sombra de árboles tan imponentes como el pino piñonero monumental que hoy se eleva en la Cruceta. Porque al rey le costó lo suyo pensarse la campaña ideal: Nada más ni nada menos que nueve meses más tarde, un embarazo en toda regla, Jaime I y sus tropas capitaneadas por Guillem de Montgrí finalmente lograron conquistar Jérica a los árabes. Fue el 5 de febrero de 1235, hoy día festivo en honor a la patrona del pueblo, Santa Águeda. 

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Vistas desde Sharíqua a la Cruceta con su pino piñonero y el pueblo al fondo.

Unos 800 años más tarde hay otros que emprenden el camino desde la cruceta hasta el pueblo. Las diferencias son notables: Ellos hoy no necesitan más estrategia que una breve descripción del camino por Arenachos para llegar a Jérica. Ahí les suelen esperar con los brazos abiertos y pueden disfrutar del encanto del pueblo, de su gastronomía, de sus fiestas. Es una de las formas más pacíficas de conquistar un pueblo para uno mismo: viajando. Como lo hacen los huéspedes de Sharíqua.

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