Fruto de la fantasía

22 May

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Ya está en marcha una maravillosa transformación que convierte una delicada y preciosa flor en uno de los frutos más resistentes de la tierra: la granada, originaria de Asia y hoy presente en toda la zona mediterránea. Sus flores tipo campana y de un rojo intenso no tardan mucho en descubrirse y dejar claro en qué se quieren convertir. Cuando empiezan a formar el fruto, su aparente fragilidad se transforma en una piel curtida que sirve como perfecta armadura para su delicado interior: pequeñas semillas o granos de color púrpura con una finísima piel y un sabroso, jugoso y refrescante interior.

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La granada se hace dura de pelar y muchas manchas acérrimas en paredes de cocina, en blusas y blusones dan cuenta de ello. Para arrebatarle sus granos no sólo conviene protegerse, sino también armarse de paciencia. Se dice que una granada cuenta con 613 semillas – tantas como leyes tiene el viejo testamento. Y no es la única leyenda que se ha hilado alrededor de esta fantástica fruta. Así se contaba que Hipócrates recomendó el jugo contra la fiebre, mientras los babilonios creían que bastaba con masticar los granos para convertirse en invencibles en cualquier batalla. Los viejos egipcios no sólo enterraron sus muertos acompañados de granadas, sino también conocían las cualidades gustativas del fruto y lo convirtieron en un seductor vino con sabor a frambuesa.

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Hasta hoy día, a la granada se le atribuyen múltiples efectos saludables y un enorme potencial como antioxidante. Demostrado científicamente hay muy poco – pero si desde hace siglos y milenios se cree en el poder de un alimento no puede ser puro fruto de la fantasía, ¿o sí? Así que habrá que seguir de cerca esa maravillosa transformación para en otoño hacerse con unas cuantas granadas y disfrutar de sus semillas, su jugo o simplemente de su belleza. ¿Lo mejor? Para ello en el Alto Palancia no habrá ni que acudir a la frutería, hay muchos, muchísimos árboles y arbustos abandonados que sin embargo no se resignan a seguir sacando flores y frutos. Pero ojo: También hay muchísima competencia a la hora de la cosecha, desde minúsculos insectos hasta grandes abejorros…

 

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