Archivo | octubre, 2015

Exportamos

28 Oct

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El caqui no es un fruto de medias tintas. O te gusta o no te lo comes ni regalado. Y es que su pulpa dulce y blanda no sólo exige ciertas habilidades para comérsela sin que manos, platos, manteles e incluso camisas se lleven lo suyo, también extraña al paladar por su textura algo gelatinosa y pegadiza. Peor aún, si pillas un caqui no del todo maduro, su carácter astringente dejará huellas perpetuas en cada uno de los nervios gustativos.

Lo dicho, o gusta o repugna. Y probablemente el porcentaje de la población “caqui repelente” sea el mayor.

Nuestro cliente, llamémoslo M., claramente no pertenecía a este último grupo. Ya podíamos ofrecer para el desayuno pera, melón, piña, uva… M. sólo quería caquis. Y no dudaba en afirmar que eran “los mejores que había comido nunca” y que en su país, Alemania, jamás había visto unos frutos tan rojos, tan sabrosos…

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Evidentemente nuestro huésped había llegado en el momento justo para poder comerse todos los caquis que quería y más: El Alto Palancia está en plena cosecha y también el árbol de nuestra huerta demuestra una asombrosa, por no decir alarmante, productividad. Conociendo los caquis sólo en bandejas de supermercado, M. casi no se podía creer que los brillantes ejemplares que le endulzaban los desayunos habían sido cogidos poco antes de nuestra huerta. Aún menos se lo podía creer cuando le invitamos a abastecerse de caquis – aún no del todo maduros – para llevárselos a su país natal.

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Dicho y hecho. Con una sonrisa de oreja a oreja, escalera en hombro y ayudado por su compañera, M. se puso manos al árbol. Rápidamente los dos hanseáticos llenaron una caja para llevarse un sabor muy altopalantino a más de 2.000 kilómetros en dirección norte. Si esto no es una perfecta colaboración “alemán-española”…

M. se llevó un recuerdo muy dulce de su estancia en Jérica y en Sharíqua, nosotros hicimos felices a nuestros huéspedes y, todo hay que decirlo, nos liberamos de una pequeña parte de la producción de nuestro caqui fuera de control ;-).

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“Frozen Drupa”

22 Oct

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“Frozen Drupa” – ¿a que suena como la nueva bebida de moda? Y puede que lo sea. Abrimos la temporada llamada “elaborando licores” para que todo esté listo, o sea bebible, dentro de unos meses con la avalancha de fiestas que se licor de endrina_casa rural shariquaavecina. Y qué mejor que empezar con un fruto clásico y destinado a convertirse en un licor estupendo: la endrina. Este año el resultado no va a llamarse Pacharán, sino será un licor de endrina menos dulce pero por esto no menos navideño. Para esto los pequeños frutos de color violáceo van a pasar unas semanas en compañía de ingredientes como piel de naranja, clavo, canela y anís estrellado… ¡Sólo oliéndolo…!

Pero antes de poder usar las pequeñas bolitas azuladas hay que superar un par de pasos previos. El más espinoso, sin duda, es la recolección ya que estas apreciadas drupas crecen en un arbusto-arbolito arañonero que hace justicia a su nombre: Prunus spinosa defiende sus frutos con agudos espinos y los dota con una característica que los hace más difíciles de digerir. Las endrinas tienen muchos taninos por lo que se recomienda usarlas sólo después de las primeras heladas que le quitan algo de su astringente sabor.

Como – dependiendo de la región – a veces es algo complicado esperar a noches gélidas, como alternativa se pueden “domar” las drupas metiéndolas entre 24 y 48 horas en el congelador.

licor de endrina3_casa rural shariquaSuperados estos preparativos, las “frozen drupa” ya están listas para su transformación. Aquí vienen los ingredientes de nuestro “Licor de Endrina” con toque navideño:

700 g de endrinas (congeladas)
500 g de azúcar candí blanco y marrón
1 l de vodkalicor de endrina5_casa rural shariqua
2 ramas de canela
3 anís estrellado
10 clavos
1 vaina de vainilla
la piel de una naranja

Llenar un recipiente de cristal con todos los ingredientes y cerrarlo bien. Dejar reposar durante 2 meses y mover de vez en cuando. Pasar el líquido por un filtro y a disfrutar…