¡Qué cruz!

11 Ene

Formaban parte del GPS medieval, marcaban fronteras y eran una de las caras de la religiosidad popular. Hablamos de las cruces de término o humilladeros y según región bautizadas también como pedró, peiró, peirón o cruceiro. Su fin era igual en toda España y en muchos otros países europeos: Servían como señal de bienvenida y orientación en las entradas de las ciudades y villas, expresaban la piedad del pueblo y también le recordaban al viajante que se movía por tierras cristianas.

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cruz-cubierta-jerica5_casa-rural-shariquaAlrededor de Valencia y en la vecina Aragón, la mayoría de las cruces de término se levantaron entre los siglos XIII y XV, a partir del último en algunos lugares se empezó a cubrir las simples estructuras -formadas por una base, un fuste y una cruz de piedra y hierro- con un tejado. Protegidas bajo pequeños templetes o baldaquinos las cruces se convertían en cruces cubiertas.

Muchas de estas cruces desaparecieron a lo largo de los siglos, muy pocas fueron bien cuidadas y otras tantas casi olvidadas, manteniéndose apenas en pie. Fue también el caso de la cruz cubierta de Jérica, una obra del inicio del siglo XVI con cuatro pilares, arcos góticos, una bóveda nervada, tejas árabes vidriadas y pinturas decorativas. El desgaste del tiempo, la falta de mantenimiento y el olvido se plasmaban hasta en la página web del ayuntamiento, donde en la descripción del monumento, catalogado como Bien de Interés Cultural, se puede leer: “Fue reformada en el siglo XVIII…  Actualmente presenta estado de ruina”.

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Pero después de años de ruegos y consultas, de peticiones y plegarias, llegaron las buenas noticias para la cruz cubierta: Estos días se ha empezado con su restauración. El presupuesto es mínimo, pero suficiente para que al menos se estabilicen la estructura y el tejado y se puedan recuperar los frescos.

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Cuando se levante la manta verde que ahora lo está cubriendo y se pueda contemplar la cruz rejuvenecida, no habrá pretexto para no emprender un paseo de visita. Y luego a la Cruceta, monumento en memoria a la reconquista por Jaime I que “hubo de buscar el rey otro sitio más seguro para su campo y asentole en frente del castillo en un montecillo un poco desviado a quien llamaron de la Cruceta, por un padrón de calicanto que pusieron allí con una cruz de hierro encima ..”. Y de ahí a la cruz entre los términos de Jérica y Viver… Y de ahí de cruz en cruz… Habrá nacido un nuevo movimiento: el “Cruci-Turismo”.

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