Archivo | marzo, 2017

De fuente en fuente

24 Mar

  

Caminar en Bejís es perderse en el mundo de los ríos y riachuelos, fuentes y pozas. Vamos, agua por donde mires y una biodiversidad especial. En eso el sendero local “Fuentes de Arteas” no es ninguna excepción y aunque sólo tiene unos seis kilómetros sorprende por la gran variedad del paisaje, por panoramas muy cambiantes y además da una idea de lo solitaria, dura y al mismo tiempo reconfortante que puede llegar a ser la vida rural.

 

El SLV-55 arranca en Arteas de Abajo a una altura de unos 850 metros, sube al lado de la ermita de San Juan por las empedradas callejuelas de la aldea y gira hacia un barranco de enorme belleza. La tierra rojiza contrasta con el verdor de fuertes pinos rodenos, de enebros y carrascas. Un pequeño bosque de chopos -algunos aún muy maltrechos por las fuertes nevadas del invierno- está a punto de sacar las hojas, mientras pequeñas violetas lilas gozan del sol primaveral. Acompañados siempre del sonido del agua, pronto se llega a la Fuente Matías, la primera de muchas más.

   

Aún hay que subir un poco más hasta alcanzar la Fuente Gamellón y enganchar minutos después con la pista en dirección Arteas de Arriba. Desde aquí ya se podría volver a Arteas de Abajo por el GR-7, pero no sin haber visitado la curiosa Fuente Bullidores que también alimenta al viejo lavadero de la aldea. Una vez aquí, vale la pena seguir por el cauce del río Canales y el GR-7 al menos hasta alcanzar la Fuente Quiñón. Es solo una pequeña prolongación de la caminata que también pasa por las preciosas pozas de Arteas. Lo dicho, agua por donde mires…

Aceite que alimenta

7 Mar

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Basta con abrir el tapón y dejarse seducir por esa mezcla de aromas entre un buen aceite de oliva -el de Jérica, claro está ;-)- y uno de los cítricos más irresistibles, la mandarina. Sí, hemos hecho un aceite con aroma a mandarina y romero y, todo hay que decirlo, realmente mandarina4_casa-rural-shariquanos encanta. El resultado es un aceite afrutado con un ligero sabor a cítrico que a partir de ahora va a acabar en ensaladas, sobre unas lonchas de jamón, aromatizando sopas y entradas…

Los ingredientes:

0,5 l de aceite de oliva
200 g de mandarina ecológica
3 ramitas de romero

Lavar las mandarinas y cortarlas enteras en trocitos muy finos. Meter en el bote con el aceite y añadir las ramas de romero. Dejar macerar durante unas 3 semanas en un lugar oscuro y fresco. Filtrar y a disfrutar.

Ay Aín

1 Mar

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Para empezar: Un paseo, lo que se entiende como paseo, no es. En absoluto. Aunque el ayuntamiento de Aín anuncia esta ruta como tal, es una caminata bastante exigente que pone a prueba la forma física, el sentido del equilibrio y la fortaleza de las rodillas. Eso sí: Es un recorrido sumamente bonito no sólo por llevarnos por lugares históricos, sino también por las impresionantes vistas que ofrece de la Sierra Espadán, sus pueblos y la montañosa provincia de Castellón.

Así que costará, pero vale la pena hacerlo: el itinerario SLV-27, el “paseo de la Peña Pastor y el Gurugú que nos llevará entre viñas viejas, pedregales y castaños” (Ayuntamiento). Es un precioso sendero local que según las autoridades de Aín se recorre en 1.30 horas. Queremos pensar que sólo se refieren a la ida, porque nosotros empleamos casi 3. Eso ain-sierra-espadan18_casa-rural-shariquasí, con largas y extendidas pausas para disfrutar de los cambiantes panoramas, con picnic en lo alto del Gurugú -con sus 1.014 metros uno de los imponentes picos de la Sierra de Espadán- y con tiempo para visitar los lugares históricos a lo largo del camino.

La ruta sale del pueblo y se puede hacer en sentido contrario a las agujas del reloj -lo recomendado en el folleto de Aín- o al revés. Nosotros nos decantamos por lo último, ya que así nos ahorrábamos la tremenda subida a la Peña Pastor y al Gurugú desde el Barranco del Picaio. Además, durante el agradable paseo por el Barranco de la Caridad en dirección al Collado de Ibola, nos quedaba la ilusión de que la bajada desde el Gurugú iba a ser algo más benévola…

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El paseo 😉 primero nos lleva a un bonito calvario del siglo XVIII con su ermita, sus cipreses y sus imágenes. Es el primer momento para detenerse unos minutos, disfrutar del silencio y las vistas al pueblo. Un lugar con ni siquiera 200 habitantes, casas de cal y toques de azul o turquesa y una ubicación perfecta sobre una pequeña colina a una altura de casi 500 metros, rodeada por varios preciosos picos de la sierra. Es un pueblo con orígenes andalusíes cuyo nombre hace referencia a las múltiples fuentes y manantiales que caracterizan su entorno y que en su día también alimentaron hasta cinco molinos harineros hidráulicos.

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Caminar alrededor de Aín significa adentrarse en una naturaleza exuberante, pasear entre alcornoques y pinos rodenos, ain-sierra-espadan10_casa-rural-shariquaentre brezo, mirto, lentisco y madreselva. Un profundo verdor alimentado por musgos y líquenes, desprende un perfume a tierra fértil y húmeda. Muchos momentos para respirar profundamente, soltar un “ay” de tanto placer.

ain-sierra-espadan31_casa-rural-shariquaA los pocos minutos se llega al L’Arquet, un pequeño acueducto que alimentaba al molino del mismo nombre y ubicado a su lado. Ya falta poco para alcanzar a una altura de 620 metros a la vieja fortaleza también conocida como Castillo de Benialí. Al igual que el pueblo es de la época medieval andalusí y aunque su estado es de ruina uno puede hacerse una idea de la importancia que tenía. Los restos de la muralla y sus dos torres, las dependencias y aljibes vieron llegar en son de reconquistador al rey Jaume I en el año 1238.

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El sendero sigue en dirección Collado de Ibola, donde enganchamos con el sendero PRV 63.6 hacia el Pico Espadán y el Gurugú. Por una agradable senda ganamos altura y disfrutamos de excelentes vistas casi panorámicas.

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El pico del Gurugú se anuncia con la aparición de trincheras, tristes testimonios de la Guerra Civil, y el progresivo endurecimiento del trayecto. Vale la pena impregnarse de las bonitas impresiones de altura desde esta cumbre antes de emprender la bajada por la Peña Pastor. Entre rocas de rodena y vetustos alcornoques nos espera un descenso a veces bastante complicado que nos hace recordar que el hombre a parte de piernas también posee manos para desplazarse.  

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Seguro que se oirá algún que otro “ay”, esta vez motivado por algún que otro susto. Ayudándonos de palos, manos y culo llegamos sanos y felices a la carretera que nos lleva de vuelta al pueblo. Lo dicho. Un paseo no era, pero bonito…

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