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Claro que oyen

16 Jul

Ya se sabe, la huerta es lugar de discrepancias. Preguntas como cuándo plantar, qué tipo de tomate, cómo podar, cuántas veces regar… pueden llenar tardes enteras de controversias y acaloradas discusiones. ¿Y el abono? Ahí el consenso es casi un imposible. Y mientras nosotros empujamos carretillas y carretillas de estiércol ecológico a nuestra huerta y la alimentamos con nuestro compost, notamos esos ojos críticos de nuestros vecinos agricultores y escuchamos sus sabios consejos: Que hace falta más fertilizante, que algún que otro saquito de abono no tan natural no estaría mal, que las plagas no se van solas… Es difícil convencerles de nuestro agro-comportamiento, pero es fácil dejarles boquiabiertos e incrédulos. Es el momento cuando añadimos: “Sí, pero a parte del estiércol, también les hablamos a las plantas.” Dicho con una gran sonrisa deja el suficiente espacio para tomarlo tanto como una broma como una locura o una fuerte convicción. La reacción de los veteranos del campo suele ser la misma: “Nada que hacer.”

Y mientras nos toman como caso perdido, ahí la tenemos, la prueba. En nuestra propia huerta: Es nuestro níspero y sabe oír. Cierto que hace ya decenios que cada vez más científicos investigan sobre los sentidos de las plantas y la neurobiología vegetal provoca una sorpresa tras otra, pero verlo con tus propios ojos… Y eso que nuestro árbol no nos ha demostrado -aún- aptitudes como el maíz, chasqueando con sus raíces y orientándolas hacía lugares zumbantes. No. Tampoco sabemos si sería capaz de defenderse como un tomate que ante un ataque comilón de alguna oruga llena sus hojas con sustancias agrias y además desprende un aroma avisando del peligro a sus compatriotas.

Nosotros más bien nos acogemos a Darwin, ese excelente científico naturalista que ya hace más de cien años se pasó toda una tarde tocando la trompeta en un jardín para ver si las plantas reaccionaban. Bien es verdad que el resultado ante las entonces posibles mediciones fue nulo, pero eso no le hizo dudar en publicar su hipótesis sobre el “root-brain”. Y exactamente eso lo debe tener nuestro níspero. Un cerebro. En él procesó lo que tuvo que oír a finales del año pasado cuando hablando de su miserable rendimiento, nuestro cuñado Pulgarcito nos sugirió: “A veces simplemente no funcionan y hay que quitarlos.” Una sentencia de muerte que tuvo sus frutos. ¡Y cuántos! Este año nuestro níspero ha producido tanto como nunca en su vida.

Lo más seguro es que -otro de los descubrimientos de la neurobiología vegetal- haya sentido un miedo inhumano y se haya puesto las pilas. Prueba suficiente para enterarnos de más cosas de este campo científico. Quizás es pronto para confirmar que sabe hacer cálculos, recordar cosas, aprender… Pero, sabiendo que sabe oír, porque no ponerle un poco de música para que crezca más a gusto. Todo un clásico entre los que defendemos las sensibilidades de las plantas.

Al rojo seco

13 Sep

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Aquí están, nuestras primeras ñoras. Brillantes, regordetas y para comérselas. Bueno casi, porque ahora viene el proceso de secado. Para que esta pequeña hermana del pimiento rojo, en Murcia y Alicante conocida como “bola”, nos dure, tiene que tomar el sol durante un par de días.nora_casa-rural-shariqua

Dicen que en su día allá a finales del siglo XV hizo un viaje con Colón y fue presentada en España como pimiento, acabando para su multiplicación y plantación en el Monasterio de Yuste. De ahí, los monjes la llevaron a su monasterio hermano en La Ñora en Murcia, donde se le quitó el picante y se bautizó con el nombre que lleva hasta hoy en día.

Y bien, de La Ñora a Jérica. Quién sabe por qué no la plantamos antes con lo bien que se nos da ;-). Y con lo rica que está en un sinfín de platos desde un huevo frito, pasando por la paella hasta la salsa romesco.

nora1_casa-rural-shariquaHoy exponemos la primera tanda de la cosecha al astro mayor. Y si tiene el mismo efecto como “lavar el coche” o “limpiar las ventanas” puede que hasta por fin la predicción meteorológica tenga razón y caiga algo que se merezca el nombre de lluvia…

Por fin

22 Feb

Por fin se ha acabado la temporada de caza y ya no se oyen disparos desesperados de cazadores hambrientos de éxito. Aficionados que se acercan demasiado a las casas, disparan donde no deben y a falta de jabalíes, liebres y perdices se matan entre ellos. Por fin entramos en otra época del año, en la época de los recolectores que han reconquistado los campos y prados y van en búsqueda de su particular caza comestible.

Por ejemplo, ajos puerros salvajes que estos días brotan por nuestra finca y por campos abandonados en los alrededores. Basta con equiparse con una buena pica y, con los ojos clavados en el suelo, empieza un paseo muy especial. El objeto del deseo, Allium ampeloprasum, a estas alturas del invierno se distingue muy fácil ya que es de las pocas plantas que ya luce un verde fuerte y primaveral. Mientras el puerro “doméstico” comercializado es totalmente recto, su parentela salvaje termina en un bulbo – bueno, siempre y cuando logramos sacarlo del todo de la tierra.

No tardamos mucho y ya tenemos parte de la cena garantizada. Los ajos puerro salvajes se prestan para una tortilla, una buenísima crema, pero también son exquisitos envueltos en jamón, bañados con nata o preparados como una ensalada ligera. Porque el “espárrago del pobre” no sólo se deja cazar totalmente gratis, sino también carece de calorías. Un “déficit” que compensa con un montón de cualidades sanas como grandes cantidades de vitamina C y E, carotenos, potasio, ácido fólico, calcio, hierro…

O sea, paseando por los prados y campos es fácil convertirse en un “porrophagus” – así bautizaron al emperador Nerón que no podía resistirse a los sabrosos tallos. Pasión que le trajo el sobrenombre de “comilón de puerros”. Bien, podremos soportarlo. Mañana volvemos al campo a “cazar”. Y levantamos la veda. Porque a partir de ahora no nos para nadie. Nos estarán esperando espárragos trigueros, achicorias, blugosas, borraja, collejas, diente de león, lampsana, mostaza… Esto sí que es vivir en el campo y disfrutarlo. ¿Os animáis? Daremos pistas, prometido.

El gran Olvidado

28 Nov

Que cada vez haya más frutos en el mercado, indiscutiblemente tiene su encanto. Pero no todos están de acuerdo. Hay algunos casi condenados a desaparecer. El membrillo es uno de ellos. Y si no fuese por sus enormes ganas de (sobre)-vivir y su adorable independencia -el membrillero crece sin cuidados en campos abandonados, bordes de caminos y se resiste contra vientos y heladas a admitir que ya es invierno-, seguro que ya no disfrutaríamos de este arbusto-árbol que aún a estas alturas brilla con sus grandes frutos.

Frutos que al sol parecen oro puro.

El membrillo -desde siempre símbolo de amor, felicidad, fecundidad, belleza y perseverencia- atrae con un aroma exquisito, sin embargo… el gourmet lo tiene crudo: El membrillo es difícil de pelar, hay que quitarle su pelusilla y no es comestible en estado natural. Eso sí, aguanta un montón para poder pensar tranquilamente qué hacer con él.

Nosotros este año además de mermeladas y jaleas, hemos probado una nueva receta con el membrillo como protagonista, acompañado de plátano, curry…  ¿El resultado? Un nuevo compañero para el queso.

Si queréis probarlo, encontráis la receta en Sharíqua presenta.


La Amenaza

7 Sep

Es cierto, ya están en sus últimas, pero no quita que la matutina visita a la huerta se haga algo estresante. ¿El motivo? También este año en primavera nos emocionamos y cometimos un error cuyas consecuencias hemos sufrido a lo largo de todo el verano – probablemente al igual que muchos otros aficionados a la agricultura: Plantamos demasiado calabacín y como era de esperar – o temer – las plantas han dado lo máximo de sí.

Empezaron las tortillas de calabacín, las cremas, los quiches, las flores de calabacín rellenas … Siguieron las mermeladas, los calabacines congelados, los purés. Volvían las tortillas . .. Vamos, llega el momento que cada nuevo calabacín te parece una amenaza. Y atrévete a preguntar en un pueblo agrícola como Jérica a algún vecino si quiere calabacines… También suena a amenaza…

Pero bien, lo dicho: Ya casi se cierra la temporada de “Cucurbita Pepo L.” y lo hemos celebrado con un nuevo chutney de calabacín. Un éxito. Si queréis probarlo, la receta la encontráis en “Sharíqua presenta”.

Chutney de Calabacín

7 Sep


Para todos los amantes de los sabores agridulces, aquí viene la receta que pone fin a nuestra temporada “calabacinera”. Es fácil, enormemente rápida y – desde luego – sabrosa. Al menos a nosotros nos ha encantado.

Se necesitan los siguientes ingredientes:

2 kg de calabacín
1 pimiento rojo
1 pimiento amarillo

0,5 kg azúcar

0,5 l vinagre
3 cucharitas de curry
sal y pimienta
unas hebras de azafrán

y para quienes les gusta experimentar, también se puede añadir, por ejemplo, una pizca de canela, curcuma o jengibre.

Allá va: Primero se rallan o se cortan en trozos pequeños los calabacines. Mezclarlo con un par de cucharaditas de sal y dejar reposar unas 2 horas para que suelten agua. Pasar por agua y escurrir bien.  Acto seguido se cortan en trozos finos los pimientos y las cebollas.

Meter las verduras junto con el azúcar, el vinagre, el curry, sal y pimienta – y demás condimentos experimentales  – en un cazo y dejar cocer a fuego lento durante aproximadamente una hora. Hacia el final añadir el azafran.

Meter el chutney directamente en botes y cerrar bien. Dejar enfriar cabeza abajo. El chutney así agunta un par de meses.

Si queréis conservarlo más tiempo, meter los botes durante unos 20 minutos al baño maría. Haciéndolo así deberíais quitar tiempo de cocción de la primera parte para que no se haga demasiado.