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Vistas de invierno

12 Dic

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Cierto que las temperaturas invernales aún se hacen esperar, no obstante el aire sí que se ha convertido ya en más limpio, más claro y sano. Es el momento de emprender caminatas que prometen vistas panorámicas y bonitos contrastes de colores. Una fantástica opción es la ruta por el barranco de Ajuez en Chóvar que estos días no sólo nos obsequió con vistas kilométricas, sino también con muchas impresiones de tiempos pasados. Tiempos de duros trabajos en plena montaña, luchando contra las inclemencias.

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La ruta -bien marcada por señales del propio parque natural Sierra Espadán e indicaciones sobre distancias y tiempos- arranca cerca del embalse de Ajuez, construido en el siglo XII por los árabes, ampliado en varias ocasiones, usado como piscina municipal y hoy bastante maltrecho. El PR 138 en dirección a la imponente Nevera de Castro rápidamente nos adentra en el paisaje emblemático de la sierra, un paisaje caracterizado por vetustos alcornoques, helechos y rocas de rodeno. Es naturaleza en colores que van desde todo tipo de tonos rojizos, verdes, amarillos, grises y beige café. Un impresionante cuadro que estos días de invierno parece brillar aún más y compite con el azul intenso del cielo.

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barranco-de-ajuez11_casa-rural-shariquaDespués de haber pasado por la famosa Fuente Fresca, todo un símbolo para la tan apreciada agua de Chóvar, nos espera otra curiosidad que nos acerca a la historia del pueblo. Bajando una pequeña senda se encuentran los restos de la mina del “Socavón” que hablan de la barranco-de-ajuez12_casa-rural-shariquaextracción del cinabrio y su posterior fundición en hornos para obtener el mercurio. Una faena despiadada que dio empleo hasta los años 60 del siglo pasado y de la cual hoy en día sólo quedan los restos de raíles, herramientas retiradas y un par de vagonetas. Sin duda un inhóspito lugar que podría contar mucho sobre destinos poco felices.

En busca del sol subimos cómodamente hasta encontrarnos a una altura ya de unos 800 metros con la estrella de esta caminata: la Nevera de Castro, un imponente testigo de los inicios de la industria de la refrigeración. Fue construida en el siglo XVIII como depósito para la nieve y su posterior compactación. Así de apretada y además protegida por gruesos muros y tierra congelada, la nieve convertida en hielo aguantó hasta bien entrado el verano y poco a poco fue transportada hacia la costa o a cualquier otro lugar donde el calor apretaba y se buscaban formas para conservar los alimentos o enfriar las bebidas…

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Es una nevera preciosa que después de su restauración en los años noventa del siglo pasado da una perfecta idea de su funcionamiento y de la importancia de ese trabajo.

 

Y no sólo impresiona por su tamaño y las vistas que ofrece de su estructura interior, sino también  por su ubicación.

Difícil encontrar un mejor mirador del Mediterráneo que desde aquí tiña el horizonte de infinito.

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Falta un pequeño esfuerzo más para subir hacia el vértice geodésico desde donde la panorámica de nuevo es fantástica. El camino de vuelta nos lleva por las antiguas minas del Hemblar e invita a echar un último vistazo al barranco de Ajuez desde la Peña del Castellet. Han trascurrido tres horas, el viaje al pasado ha abarcado varios siglos.

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360 grados de hermosura

20 Nov

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Hay cosas que no se pueden rechazar. Un cucurucho de almendras recién tostadas en una feria, “Tatort” el domingo por la palancia-amador1_casa-rural-shariquanoche, pararse ante una puesta de sol de película… O disfrutar de una tarde de otoño en los valles de Bejís.

Así que lo hemos vuelto a hacer. Caminar por esas tierras tan bonitas, sin embargo, esta vez por territorios aún desconocidos: Nuestra caminata de otoño nos ha llevado a las Peñas de Amador, la vecina “pequeña” de la Peñaescabia.

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El cómodo camino por el PR275 nos lleva por pistas forestales, siempre acompañados por densos pinares, preciosos ejemplares de carrascas y enebros y una sanísima alfombra de plantas silvestres aromáticas. Siempre observados por unos buitre_casa-rural-shariquaimponentes buitres y águilas. Llegados a la cima de las Peñaspalancia-amador2_casa-rural-shariqua de Amador, a una altura de 1.135 metros y recibidos por la casa-vigilancia de los forestales, las vistas quitan el aliento: 360 grados de hermosura. Enfrente la poderosa Peñaescabia, seguida por las montañas de El Toro y el inmenso altiplano de Barracas con la Peñagolosa al fondo. En la otra dirección se asoman los preciosos picos de la Sierra Espadán, acompañados al otro lado de las montañas de la Sierra Calderona.

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¿Se puede pedir más? Pues sí. Las vistas al valle del Río Palancia desde las Peñas son espectaculares. Reducida a tamaño maqueta delante de nosotros vemos la aldea de El Molinar, acomodada entre grandes riscos. El valle estos días lleva uno de sus vestidos más bonitos, colorido y onírico.

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De vuelta, el camino nos lleva por tierras rojizas en dirección hacia el Mirador Collado Royo que nos abre impresionantes vistas al valle y la bonita silueta de Bejís.

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Llegando al Río Palancia y a las primeras casas cerca de los Cloticos no cabe duda en qué mes estamos: El sonido de las máquinas vibradoras, las extensas mantas verdes, el olor a aceite, la musiquita de la radio y, cómo no, los picnics para retomar fuerzas son la inequívoca señal de que estamos en plena temporada de la recogida de la oliva.

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Caminata fronteriza

5 May

 

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¿Qué mejor para emprender la primera caminata primaveral que pisar tierra de reinas? Así lo hicimos al decidirnos por una preciosa ruta entre Villanueva de Viver, anteriormente llamada Villanueva de la Reina, y su pueblo vecino, Fuente la Reina. Ambas reciben su nombre por su pasado árabe y por las reinas que por esas tierras vivieron, ambos son pueblos fronterizos enclavados entre las provincias de Castellón y Teruel, entre las comarcas del Alto Palancia y el Alto Mijares. Así que no es de extrañar que nos encontremos con unos paisajes especialmente bellos, caracterizados por montañas y ríos, por barranco maimona_casa rural shariquauna enorme diversidad de árboles, arbustos y flores y por sendas que ya hace siglos sirvieron de conexión entre los pueblos.

La ruta empieza en la Ermita de San Martín en las inmediaciones de Villanueva de Viver. Una pequeña ermita que data del siglo XVII y que durante su historia ha sufrido bastantes remodelaciones. Hoy día, quizás, lo más bonito es su ubicación encima de una pequeña colina con vistas al pueblo. Aquí arranca el viejo barranco maimona4_casa rural shariquacamino entre Villanueva de Viver y la vecina Fuente la Reina, perfectamente señalizado con marcas en blanco y amarillo. Es una ruta que empieza como agradable pista entre pinares y bosques mixtos con una gran variedad de arbolado. En esta época del año los bordes del camino están repletos de flores – no parece faltar ni un color. Pronto la pista se convierte en senda y después de haber cruzado el frondoso Barranco de la Graja ya estamos llegando a Fuente la Reina.

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No ha pasado ni una hora, y aún no sitiendo la necesidad de hacer una pausa, en este pueblo eso es un barranco maimona11_casa rural shariquaimperativo. Nunca mejor dicho: Llegados a la plaza del Ayuntamiento, el único establecimiento abierto (¿y existente?) se hace notar: “BAR – ¡PARA!” se lee en letras grandes con fondo rojo. Y teniendo en cuenta que el pueblo cuenta con unos 50 vecinos uno rápidamente entiende que hay que echarles un cable a ellos y a los dueños del bar para que éste pueda sobrevivir.

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Y una vez almorzados, la ruta sigue por el pueblo y sus bonitas “casas colgantes”, su Fuente de Mangraneras y la vieja balsa para el barranco maimona12_casa rural shariquariego de los campos. Pronto empieza la senda que nos llevará – ésta vez marcada en amarillo sólo – hacía el precioso valle del Río Maimona.

Nos adentramos en un auténtico paraíso formado por imponentes rocas, pozas con agua cristalina y una vegetación exuberante.

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Caminamos entre enebros y lentiscos, arces, quejigos y carrascas, rosales silvestres, sabinas y la típica vegetación de ribera con sus chopos, sauces y fresnos. Entre las plantas más valientes hay flores filigranas y pequeños arbustillos que se han buscado su hueco en una de las muchas rocas que bordean la senda. Cada uno de ellos un sorprendente ejemplo de supervivencia.

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Un verde intenso y brillante de hojas recién estrenadas contrasta con las paredes rojizas y anaranjadas del barranco y el infinito azul del cielo. ¿Quieres más? Pues sólo hace falta esperar un poco y ya apetecerá un baño en una de las muchas pozas del Río Maimona.

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Al final, la senda de nuevo se aleja del río y nos lleva de vuelta a la Ermita de San Martín. Han pasado tres horas de las más bonitas que puede regalar la primavera. Habrá que repetir.

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Paseo pausado

15 Feb

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rio palancia bejis4_casa rural shariquaTierra rojiza que contrasta con grandes campos de almendros en flor, pinos negros y carrascos acompañados de un denso rio palancia bejis1_casa rural shariquasotobosque, olivos fuertes descansando de la última cosecha y preciosas vistas a un valle encabezado por una imponente mole de montaña. Así se resume una bonita caminata por el valle del Río Palancia en Bejís. Una caminata de un par de horas que gracias a una extensa red de pistas forestales más bien merece la calificación de paseo, apto para cualquier amante de la naturaleza en busca de una amena y reconfortante excursión.

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Este paseo circular arranca en el “PRV-275 Fuentes del Palancia”, pero en vez de bordear las orillas del Río Palancia, primero coge altura en dirección del Cerro Simón. Es una pista que se abre camino entre campos y un denso bosque y en varias ocasiones nos ofrece una bonita panorámica con la silueta de Bejís al fondo.

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Como no puede ser de otra forma, es la Peñaescabia que acapara la mayor atención. Esa singular montaña que debajo de sus 1.318 metros da cobijo a un excepcional ecosistema en el cual se sienten a gusto el gato montés, la gineta, el águila perdicera o el buitre.

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Es el hogar de animales frágiles con nombres tan bonitos como la preciosa mariposa isabelina “Graellsia isabellae” o el huidizo murciélago de bosque “Barbastella barbastellus”. Un sitio donde crecen a gusto las carrascas, los quejigos, las sabinas y los tejos.

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rio palancia bejis22_casa rural shariquaDespués de haber disfrutado de las vistas desde el Mirador del Collado Royo toca bajar de nuevo a las orillas del Río Palancia.

Se llega a los Cloticos, una emblemática zona donde nace la fuente del agua mineral de Bejís y donde el río demuestra su lado más juguetón: Pequeñas cascadas, pozas y pequeños “rápidos” acompañan al caminante en este tramo final llamado “Ríos Arriba”.

 

 

 

Arriba y abajo

7 Ene

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arteas5_casa rural shariqua arteas_casa rural shariquaDe momento ninguna empresa de productos de limpieza se ha fijado en ellos. Tampoco García Berlanga se interesó en su día para rodar su serie de rivalidades pueblerinas en este enclave altopalantino. Pero tanto Arteas de Arriba como la vecina Arteas de Abajo no sólo hubieran dado la talla como plató televisivo-publicitario, sino que cualquiera se hubiera enamorado de este precioso rinconcito en tierras de Bejís. Un rincón olvidado que invita a dar un paseo entre las dos aldeas, a disfrutar del silencio y la vida rural en esencia pura.

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Hay un breve paseo de unos 15 minutos por el campo entre estas dos aldeas de Bejís. Para alargarlo un poco y convertirlo en circular, desde Arteas de Abajo se puede disfrutar del sendero local “Fuentes de Arteas” entre las dos aldeas o subir por la carretera -sin tener que temer encontrarse con un sólo coche- y entrar por la parte del río Canales a Arteas de Arriba. Es la zona alta del pueblecito, predominada por una gran chopera y una peculiar fuente que bien distingue entre los chorros de agua fresca para humanos y los del ganado. Al lado, un bonito lavadero hace pensar que en un concurso por la paella más brillante quizás los de arriba hubieran partido con ventaja, pero también los de abajo -como luego se verá- no deben temer quedar mal. Ellos no sólo presumen de otro lavadero bien bonito, sino también de una pequeña ermita.

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Las Arteas son sinónimo de aire puro, tranquilidad, arquitectura rural con vistosa piedra roja, viejos pajares y un par de casas bien restauradas. Encontrarse con un aldeano, sin embargo, parece algo inverosímil, más en invierno cuando por estas tierras que rozan los 1.000 metros de altura la mínima racha de viento se hace sentir como un soplo del ártico. Un lugar en el que se sienten a gusto los enebros y cipreses, convertidos en los reyes del paisaje. Un lugar donde en Arteas de Arriba se acaba la carretera y sólo deja opción de seguir andando, esta vez por el GR en dirección Collado de la Salada, o, una vez puestos, hasta el Estrecho de Gibraltar.

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