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Una hora – nada más

30 Oct

Una hora, a veces no hace falta más para olvidarse de un día agotador, una semana ajetreada. Es suficiente para llenarse de energía, aire fresco, aromas y colores. Tan sólo una hora de las 24 que tiene el día, el tiempo que el otro día nos bastó para dejarnos encantar por uno de los paseos más mágicos del Alto Palancia: el sendero por la ribera del río Palancia en el paraje de los Cloticos de Bejís. Ahí, donde nace ese agua tan buena y donde aún se encuentra naturaleza en estado puro. Un pequeño paraíso. El mundo del murmullo continuo del agua, de cascadas y preciosas pozas.


60 minutos para dejarse seducir por los olores y colores del otoño, por las hojas variopintas de álamos, fresnos y avellanos, de sauces, chopos, olmos  y cornejos. Una hora para contemplar las últimas flores de estas plantas valientes dispuestas a desafiar al invierno que viene. Un mundo de colores que hace que una hora se convierta en una des esas pequeñas eternidades.




Competencia bestial

24 Oct

Hay que tener suerte y, también, mala suerte. Suerte para encontrarlas, especialmente este año que parece que no quieran asomarse. Mala suerte para pillar justamente una de las 150 venenosas de un total de más de 5.000 tipos conocidos en toda Europa Central. Hablamos de setas, esos objetos del deseo que estos días hacen rastrear los bosques y prados a miles y miles de coleccionistas. Todos ellos “seteros” apasionados a los que este año se les exige especial paciencia. Aún no ha llovido casi nada y boletus & Co. se hacen rogar.

Pero como prometimos hablaros de sitios en el Alto Palancia donde en otoño más que nunca vale la pena pasearse por los bosques, aquí va una primera orientación: Los robellones -los más fáciles de encontrar-  se esconden en bosques de pino y pino-carrasca o pino-alcornoque. Además en estos tipos de bosques también se pueden encontrar llanegas negras. Las graciosas setas de chopo no sólo se acoplan al árbol en cuestión, sino también se sienten a gusto en troncos de olmos, latoneros e incluso en higueras.

Tanto la Sierra Espadán con sus preciosos alcornoques como las sierras y prados de El Toro, Pina de Montalgrao y Barracas, de Torás y Bejís son terreno de setas de cardo y paraguas. Y quien se decanta por los sabrosos rebozuelos, debería concentrarse en la Sierra Espadán.

Para curarse en salud, los aficionados hacemos bien en ir acompañados de un experto o como mínimo de un buen libro de micología. Ya que todo lo que se pensaba válido para detectar una seta venenosa se ha demostrado inútil – con todas sus consecuencias nefastas: Ni una cucharita de plata que se vuelve negra en la cazuela de setas, ni las setas que se vuelven azuladas al cortarlas son indicio de toxicidad. Tampoco vale la tesis del famoso médico griego Pedanius Dioscurides (40-90 a.C.) que simplemente tachaba de venenosas todas las setas que crecían al lado de clavos oxidados, madrigueras de serpientes, “trapos podridos” y árboles con frutos tóxicos … Y que a nadie se le ocurra machacar las entrañas y el cerebro de un conejo y tragárselo con agua azucarada para contraatacar en caso de envenenamiento – un tratamiento medieval igualmente inútil ¡y repugnante! – que se habían inventado al ver que los conejos podían comer sin consecuencias algunas setas para el hombre irremediablemente mortales.

Aunque el riesgo intrínseco de la pasión por la recolección de setas es considerable, hay que madrugar para ser de los primeros en rastrear los bosques y llenar la cesta. Y no sólo hay recolectores de dos patas. La competencia sobre todo en el Alto Palancia puede ser realmente bestial… siempre y cuando uno se adentre en “terreno Cochi”.

Cochi es una imponente jabalina de unos 120 kilos de peso que a la tierna edad de pocos meses fue encontrada por Serafín Izquierdo, ex alcalde de Pina de Montalgrao, y que desde entonces le acompaña en la búsqueda del hongo más prestigioso: la trufa. El “Tuber” crece en bosques de encina y a partir de unos 800 metros de altitud, así que Pina, El Toro y Barracas son terreno ideal para esa “delicatessen” de los subsuelos.

Cochi desde hace tiempo no sólo anda por los bosques cerca de su establo, también demuestra sus habilidades en meter la nariz donde nadie más puede en ferias “trufícolas” como las de El Toro en noviembre o de Sarrión en diciembre. Reputación obliga. Y puestos a impresionar, Cochi incluso removió la tierra para cocineros estrella como Juan Mari Arzak y Karlos Arguiñano.

Pero bien, primero vamos a intentar divisar algún que otro rebollón o paraguas. Lo de las trufas sí que es faena de expertos y expertas “bestiales”.

Debilidades

12 Oct

Cuando uno tiene una debilidad por algo, lo mejor es reconocerlo. Ya sabéis que una de las nuestras son los calabacines, que este verano nos sobresaltaron con una super-cosecha. Pero no os lo hemos dicho todo. Hay más. No sólo son los calabacines, también las calabazas. Este año las tenemos de todas las formas, colores y tamaños.

Y estamos encantados.

Todo empezó con un campo nuevo y exclusivo para la reina “cucurbita L.”, un campo que Vicente durante días y días había arrebatado a las hierbas, gramíneas y arbustos que ahí habían acampado a sus anchas. A partir de mayo ya fue terreno exclusivo “calabacero” y empezaron a correr y expandirse por ahí las Stripetti y Red Turban, Alladin y Honey Bear, Kamo Kamo y Butternut, African Smaragd y Patisson. No todas crecieron bien, hay que reconocerlo. Black Futsu por ejemplo no fue vista ni siquiera. Y tampoco hemos batido el record mundial, que en estos momentos lo sustenta una calabaza que ronda los 500 kilogramos. Pero las calabazas que crecieron en Sharíqua no defraudaron ni en colores ni en sus formas redondas, ovaladas y hasta extravagantes.

¿Por qué parece que queremos más a las calabazas que a sus parientes pequeños, los calabacines? Fácil. “Cucurbita L.” no sólo es sumamente atractiva, un encanto para los ojos donde esté, también es una de las verduras más duraderas. Le sobra con un rinconcito algo resguardado del sol y de la lluvia y sin problemas pasa todo el invierno esperando qué va a ser de ella. Y ahí se ofrecen un sinfín de destinos: tartas y tortas, pucheros y panes, cremas y quiches, postres, mermeladas…

Una de las recetas que en nuestra cocina-calabacera nunca falta – ni falla – es Mermelada de Calabaza con Guindilla. Un verdadero “despertador” matutino durante el desayuno y un acompañante perfecto para el queso. ¿Lo queréis probar? Los ingredientes están en “Sharíqua presenta”.

Mermelada de Calabaza con Guindilla

12 Oct

¿Problemas para abrir los ojos incluso aún durante el desayuno? ¿Afición por los quesos gratinados con algún acompañante dulzón? ¿Debilidad por los picantes? Pues aquí tenéis lo que siempre habéis querido probar pero no os habéis atrevido… Mermelada de Calabaza con Guindilla.

Necesitáis los siguientes ingredientes:

1 kg de calabaza
900 g de azúcar
¼ l zumo de manzana
1 limón
2 anís estrellado
1 rama de canela
5 guindillas secas o 2-3 guindillas frescas

Trocear la calabaza y mezclarla con el zumo de manzana y el azúcar. Llevar a ebullición y añadir el zumo del limón, la cáscara de limón rallada, el anís estrellado, la canela y las guindillas secas (¡¡quitar las pepitas!!). Si usáis guindilla fresca, añadirla hacía el final, cortada y quitadas las pepitas.

La calabaza tiene que hervir entre 10 y 20 minutos, dependiendo del tipo de calabaza y el contenido de agua. No olvidéis moverla de vez en cuando, se pega facilmente.

Para hacer la prueba si ya está bastante espesa, meter unas gotas en un plato recién sacado de la nevera. Si ya no “corre”, está perfecta.

En su caso, añadir las guindillas frescas, sacar el resto de las especias y pasar por la trituradora. Envasar enseguida y dejar enfriar la mermelada en los botes boca abajo.

Él

8 Oct

Siempre es el primero en presentarse, aunque lo hace tímidamente y al principio hay que buscarlo con anteojos y zoom. Es ÉL. Un majestuoso árbol en mitad del valle entre Jérica y Viver – el embajador del otoño “par excellence”. Cuando brilla con sus llamativas hojas amarillas en medio de olivos, almendros y huertas sólo hay una opción: Ponerse las botas de caminar y emprender uno de estos paseos fantásticos por las coloridas orillas del los ríos del Alto Palancia y Alto Mijares.


Parece no haber época más bonita para el río Palancia que el otoño. Los árboles y arbustos de hoja caduca aún se resisten a quitarse su traje y optan por rojos y rojizos, amarillos, ocres y tenues marrones para anunciar días más cortos, temperaturas ya fresquitas y tardes al lado de la estufa de leña.

A quien le gusta esta estación le esperan tantos parajes preciosos como impresiones otoñales. Para empezar qué tal con un pequeño paseo por la Vuelta de la Hoz en Jérica, para luego emprender camino en dirección a Viver y Teresa. Una caminata por los ecosistemas más ricos de esa ribera llena de chopos, olmos, sauces y un sinfín de arbustos.

A lo largo de sus 25 kilómetros esta caminata nos lleva por lugares impresionantes como el Paraje del Sargal o  las Peñas Rubias, por torres y torretas, campos de cultivo duramente trabajados y huertas mimadas que en estos días llaman la atención con un fruto perfecto para dar toques de color: los caquis.

Mucho más corto pero no menos impresionante se presenta el paseo por las orillas del Palancia en Bejís, población conocida no sólo por su abundante agua sino también por la calidad de ella.

El paraje de los Cloticos sorprende con fuentes, cascadas e idílicas pozas. Mucho más aventurera se desenvuelve la caminata hacía el nacimiento del Río Palancia.

Y no sólo el Palancia viste de otoño. También el río Mijares  cambia de vestimenta. Un espectáculo que se puede vivir de cerca por los numerosos senderos a lo largo del río en Montanejos. Y para los más atrevidos hay otra atracción fluvial: En los Baños de la Reina el agua  brota a unos agradables 24 grados e invita a uno de los últimos baños al aire libre para este año…